jueves, 26 de agosto de 2010

Contra la crisis, el saber de la Tierra

12 Aug 10 - Carlo Petrini - Slow Talk
Facilitado por Antonio Zafra

En Italia, los agricultores están viviendo una crisis de una gravedad sin precedentes en los últimos sesenta años. Y esto sucede en el silencio más absoluto y el desinterés de todos los medios de comunicación. Los precios de las materias primas han descendido hasta mínimos históricos y los agricultores, independientemente de lo que cultiven o críen, producen a pérdida. Las causas son múltiples, coyunturales y de sistema, pero lo que más salta a la vista es que los campesinos han perdido su independencia, su capacidad de establecer un precio en base a la calidad de sus productos. El modelo agroindustrial, monocultural, al servicio de la gran distribución organizada, ha conseguido ponerlos en jaque. Se trata de un modelo insostenible no sólo desde el punto de vista ecológico: para los campesinos resulta también desfavorable desde el punto de vista económico.

Nos hemos dado cuenta de cómo funciona el sistema en otros países del mundo, donde el modelo agroindustrial ha tenido mayor desarrollo y difusión.
En un primer momento los agricultores son convencidos a incrementar la producción con métodos insostenibles, sustituyendo variedades y razas autóctonas por productos gratos a la industria; más tarde, estas economías dejan de funcionar y muchas empresas medianas y pequeñas se ven obligadas a cerrar, siendo absorbidas por quien tiene mayor capacidad de generar economías de escala importantes. Es la típica concentración de empresas generada en todos los países del Norte del mundo. Los campos se despueblan, aumentan las maquinarias y disminuyen las personas. Al final aun las grandes empresas comienzan a tener dificultades: ponen en práctica el monocultivo o la cría intensiva, pasan a depender de los únicos sujetos que pueden retirar sus productos (los grandes comerciantes, la gran distribución), y estos últimos, comienzan a establecer los precios progresivamente a partir de la fuerza de su posición de mercado, optando, obviamente, por rebajarlos cada vez más. El libre mercado deja los alimentos en manos de unos pocos y arranca el alma de nuestros campo. En estas condiciones es evidente que nadie quiera ejercer como agricultor.


Por eso debemos esforzarnos para defender a los campesinos de todo el mundo y para que los jóvenes sientan el deseo y tengan alguna posibilidad de regresar al campo. La agricultura es la base de toda civilización y necesitamos los ejemplos virtuosos de las comunidades de Terra Madre para aportar creatividad y tradiciones en el sistema, para darle un futuro. Slow Food ha de acoger a más campesinos cada día en su seno; hemos de crear una alianza estrechísima entre consumidores y productores; hemos de conseguir el nacimiento de millones de co-productores que, junto a las comunidades del alimento, devolverán la dignidad y la gratificación que merecen quienes producen aquello que termina en nuestras mesas. Y en esta labor todas las culturas y grupos sociales hoy considerados marginales –indígenas, jóvenes, mujeres, ancianos- serán protagonistas de un cambio de época.

Carlo Petrini
Presidente de Slow Food Internacional
www.slowfood.com
http://www.slowfoodsevillaysur.es/

1 comentario:

  1. Cuando apareció la modernidad en nuestras sociedades apenas nadie dudó de su bondad; no se podía dar crédito a los que no la defendían como la única posibilidad de crecimiento. La modernidad transformó todas las maneras conocidas de economía que se denominaban de subsistencia. Así, en aras de la modernidad desaparecieron pescadores, agricultores, y pastores tradicionales que cuidaban la biodiversidad; muchos se convirtieron en agroindustriales cambiando las maneras de producir alimentos, convencidos de que era lo mejor para todo y todos. Apareció el único-modelo posible.
    Sin embargo hay señales que muestran la necesidad de regresar al punto de la biodiversidad; el cuidado de ella nos enriquece de otras formas diferentes a la riqueza económica.
    Se ha dado demasiada importancia al modelo agroindustrial , como la panacea y el único válido; por otro lado indiferente a los problemas de salud y medioambientales. Las formas no industriales que siguen la lógica de la naturaleza son legítimas y permiten a las poblaciones vivir con dignidad, a la par que cuidan de la salud de los consumidores y del medioambiente. Importa la autoestima de los productores agrícolas locales no industriales.
    Los ancianos son valiosos entre otras cosas porque permiten recuperar saberes antiguos de su experiencia; es una gran pérdida dejar ir los conocimientos adquiridos con la observación y la transmisión desde tiempos lejanos. No es necesario negar las ventajas que la mencionada modernidad ha traído a las sociedades; la crítica es la persistente anulación de la pluralidad. Todo cabe, todos valen.
    Muchos indígenas poseen competencias que ahora la industria farmacéutica desea rescatar. Jóvenes que no tienen trabajo porque muchas industrias se han deslocalizado pueden encontrar un medio de vida en la tierra de cultivo. Las mujeres y hombres ven cómo su economía apenas mantenida con el salario es compensada con el huerto familiar y la venta de excedente. Hay mucha población que hoy prefieren tomar y buscan alimentos criados de forma respetuosa y no indiferente con la humanidad y el medioambiente.

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