martes, 22 de noviembre de 2011

¿Qué pasa en el campo?

Artículo de Chusa Pérez. Investigadora de la Universidad de Córdoba.
Elaborado a raíz de una visita de trabajo a productores de Subbética Ecológica.


Algunas fotos realizadas durante su visita.

¿Qué pasa en el campo? Pasa que hay gente que está trabajando por un cambio.

Con la entrada de la industrialización a partir de la segunda mitad del S.XX, responsable del éxodo rural, y la aparición de la Revolución Verde en los años 70, el concepto de agricultura se ha alejado de su definición: “el arte de cultivar la tierra”. Ahora las prácticas agrícolas se limitan a la producción de materias primas en masa, en grandes superficies de monocultivos en las que priman los altos rendimientos al menor coste posible. Menor coste en términos económicos, claro, porque si hablamos en términos ambientales y sociales, el coste está siendo tremendamente alto.

La persecución de la máxima productividad en los cultivos provoca, por un lado, el uso desmesurado de insumos químicos, cuyas consecuencias negativas en la salud de los ecosistemas y en la salud humana son evidentes; y por otro, la desaparición de los “artistas del cultivo de la tierra”, pequeños y medianos agricultores que debido a los altos costes de producción y a los bajos precios que obtienen en el mercado por sus productos, se ven incapaces de competir con las grandes superficies y obligados a abandonar el campo para buscar un medio de vida alternativo que les permita sobrevivir.

¿Cómo es posible que a un productor le paguen 20 céntimos por un kilo de manzanas, y el consumidor lo compre a 1,20, 1,30 ó 2 euros en la tienda? ¿Quién se beneficia aquí? Desde luego los productores no, pero tampoco los consumidores. ¿Cómo pueden competir los pequeños agricultores con el mercado global, en el que han dejado de ser protagonistas y eslabón fundamental de la cadena de alimentación, a ser meras marionetas en manos de las grandes cadenas de distribución y comercialización acaparadoras de poder, que imponen unos precios imposibles en los que el beneficio se lo lleva el más grande? ¿Qué podemos hacer para evitar el abandono total del campo? ¿Cómo podemos estar paralizados sin reaccionar ante la pérdida de la riqueza territorial y cultural de nuestros pueblos?

Éstas son las cuestiones que me rondaban la cabeza cuando me introduje en el mundo de la Agroecología,  y me encontré con que sí podemos hacer algo: la solución está en la articulación entre productores y consumidores, la compra- venta de alimentos sin intermediarios, los llamados canales cortos de comercialización en los que se respetan los tres aspectos de sostenibilidad del sistema agroalimentario: ambiental, económico y social.
Gracias a personas como Rafael Luque y José Luis Granados, productores ecológicos de la asociación de productores y consumidores “Subbética Ecológica” con los que he tenido el placer de charlar, me doy cuenta de que, motivados por un aspecto u otro, al final el resultado es el mismo: agricultores orgullosos de su labor, en la que prima siempre el culto, conocimiento y cuidado de la tierra en detrimento de la sobreexplotación de los recursos; orgullosos de poder ofrecer a sus consumidores un producto de calidad y sano a precios más que asequibles; trabajadores que ven recompensado su esfuerzo cuando reciben un precio justo por sus productos, que les permite obtener una renta digna y en consecuencia, a no sentirse obligados a abandonar la actividad que durante generaciones ha constituido el medio de vida de sus familias; recuperadores de variedades locales y conocimiento tradicional en el manejo de los cultivos; pioneros en la creación de un modelo de resistencia al mercado global, allanadores de un camino que hoy en día presenta dificultades y no deja de provocar reticencias en algunos sectores de la población, pero que poco a poco, y gracias al esfuerzo de cooperativas como Subbética Ecológica y a todas las personas que luchan dentro de ellas, será contemplado como la única vía de escape ante la actual crisis agrícola y alimentaria. 

Gracias por vuestra implicación y compromiso.
Sin agricultura, nada.

1 comentario:

  1. Muy acertado el artículo. Si, el modelo es viable como está demostrando. La huerta, los campos, los animales son el origen de nuestros alimentos. Éstos son sanos porque no usan química de síntesis en su generación, así que crecen a su amor, combinándose con los insectos y otras plantas. No dañan al hortelano, ni al agricultor, ni tampoco al ganadero. Al contrario les da las ganancias suficientes para una vida digna. Son sanos para los miembros de la asociación porque comemos lo que hay en la temporada, de manera que vamos acorde con la naturaleza de modo que nos protegemos de enfermedades carenciales o por exceso, éstas últimas muy frecuentes entre la población alimentada de manera industrial.
    Gracias por tu aportación.
    saludos

    ResponderEliminar