jueves, 12 de diciembre de 2013

Huerta y Poesía: APOGEO DEL APIO

Por Isabel Montes

Se acerca el invierno, ya ha llegado el frío, que ralentizará la producción. No obstante, el frío es necesario también para algunos cultivos y, sobre todo, para que se controlen muchas plagas. La huerta necesita su tiempo, el pase de todas las estaciones sobre ella y el buen hacer de nuestros hortelanos, que la conocen, realizan la tarea impagable de proveernos de alimentos naturales y sanos. 
El frío invita al cuchareo, a tomar algo calentito que nos reconforte, en estos días entra de maravilla en nuestro cuerpo un tazón de buen caldo, al que no puede faltar, añadiéndole un sabor y toque especial, una de las verduras de temporada: el apio.
El invierno también nos incita a estar más en casa, a la lectura reposada, a la poesía.
Un binomio perfecto: tomar un caldito leyendo a Pablo Neruda.


APOGEO DEL APIO
Del centro puro que los ruidos nunca
atravesaron, de la intacta cera,
salen claros relámpagos lineales,
palomas con destino de volutas,
hacia tardías calles con olor
a sombra y a pescado.

Son las venas del apio! Son la espuma, la risa,
los sombreros del apio!
Son los signos del apio, su sabor
de luciérnaga, sus mapas
de color inundado,
y cae su cabeza de ángel verde,
y sus delgados rizos se acongojan,
y entran los pies del apio en los mercados
de la mañana herida, entre sollozos,
y se cierran las puertas a su paso,
y los dulces caballos se arrodillan.

Sus pies cortados van, sus ojos verdes
van derramados, para siempre hundidos
en ellos los secretos y las gotas:
los túneles del mar de donde emergen,
las escaleras que el apio aconseja,
las desdichadas sombras sumergidas,
las determinaciones en el centro del aire,
los besos en el fondo de las piedras.

A medianoche, con manos mojadas,
alguien golpea mi puerta en la niebla,
y oigo la voz del apio, voz profunda,
áspera voz de viento encarcelado,
se queja herido de aguas y raíces,
hunde en mi cama sus amargos rayos,
y sus desordenadas tijeras me pegan en el pecho
buscándome la boca del corazón ahogado.

Qué quieres, huésped de corsé quebradizo,
En mis habitaciones funerales?
Qué ámbito destrozado te rodea?
Fibras de oscuridad y luz llorando,
ribetes ciegos, energías crespas,
río de vida y hebras esenciales,
verdes ramas de sol acariciado,
aquí estoy, en la noche, escuchando secretos,
desvelos, soledades,
y entráis, en medio de la niebla hundida,
hasta crecer en mi, hasta comunicarme
la luz oscura y la rosa de la tierra.

PABLO NERUDA

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