domingo, 9 de febrero de 2014

El presente no tiene futuro.

Por María Tesías. 

Buscando información sobre "Salir de la sociedad de consumo" de Serge Latouche, me topé con el primer pensador de esta línea de pensamiento: François Partant, que hizo desaparecer sus libros por que no los veía satisfactorios, no gustaban en su época (años 60).
No obstante, sus seguidores lograron recuperar algunos escritos, que han permitido recuperar aquel lúcido pensamiento. 
Yo desde chiquitita ya pensaba así. Pero tened en cuenta que esto lo escribió en los años 60 y 70. Hoy se ha evolucionado un poquito, gracias a él. Muchos no lo sabíamos.
Os dejo un recorte. Espero que os guste. A mi me gustó mucho. 

«El presente no es alegre. Basta con abrir el periódico para convencerse. El futuro es más oscuro aún. Mientras que en el Tercer Mundo el hambre avanzará, veremos en nuestra casa el paro y la pobreza extenderse». 

El sistema económico actual descansa sobre un postulado -la expansión continua- cuyo motor es la dinámica de la competencia. Fuera de ella, ¡ninguna alternativa!.

Esta expansión continua tiene lugar bajo la sacrosanta ideología del desarrollo, sostenida por la mayoría de los economistas y hombres políticos: el desarrollo debería traer la felicidad para todos los pueblos. Pero hemos visto, primeramente en el Sur y cada vez más en el Norte, cómo economías locales de base alimentaria se destruyen, cómo contaminaciones múltiples ponen en riesgo el equilibrio de nuestras biosfera, cómo los beneficios se concentran mientras que la miseria se expande.

La era industrial desemboca sobre varios callejones sin salida: ecológico, social (el número de excluidos no cesa de crecer), moral (¿qué calidad de vida tenemos y tendremos?).

El reparto del trabajo, el fomento de la exportación, la formación profesional, el desarrollo sostenible no son más que paliativos o falsas promesas. La evolución tecnológica y sus consecuencias sobre la vida escapan a todo el mundo. Por su naturaleza, el crecimiento engendrará más paro y precariedad.

¿Y si la primera cosa a hacer, fuera ser lúcido?: no adherir ya más al mito del desarrollo sino hacer un análisis crítico; dejar de pensar que todos los pueblos de la tierra tienen la misma aspiración; ver que la lógica de esta competición desenfrenada ha mostrado su incapacidad de responder a las necesidades vitales de la mayoría de las personas de este planeta; ver que la revolución verde, la agricultura industrial y el comercio internacional han llevado el hambre y la miseria a numerosas zonas del mundo.

«No se trata ya de preparar un porvenir mejor, sino de vivir de otra manera el presente». 

No vemos alternativa al orden económico actual ya que, desde una manera subyacente, rechazamos poner en cuestión los principios mismos de ese orden. Favorezcamos todas las iniciativas que ponen en cuestión nuestro modo de vida y nuestro tipo de producción. Recreemos los redes de ayuda mutua, de solidaridad, de intercambio, fundadas sobre las capacidades de cada uno y sobre las necesidades de todos. El rechazo de la exclusión, aquí y allá, debe ser una prioridad, lo que implica actuar con los excluidos. Las resistencias múltiples de hoy nos permitirán quizás mañana construir nuevamente a partir de concepciones nuevas. 

"Mientras asimilemos la evolución de nuestra sociedad a la de la humanidad avanzando hacia un término a la vez ideal e infinitamente futuro, mientras veamos en nuestros progresos científicos y técnicos la prueba de esta evolución de conjunto, no alcanzaremos siquiera a imaginar un proyecto político nuevo”.

François Partant.
Artículo publicado en La línea del horizonte.




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