jueves, 24 de abril de 2014

Huerta y Poesia: ODA A LA CEBOLLA

Por Isabel Montes

En estos días nuestras huertas lucen hermosas, todo florece, y se multiplican los colores, los olores, los sonidos… Abril ha entrado como debe ser, con lluvias mil, y en la Subbética brota el agua por mil sitios, los manantiales fluyen exuberantes, y a nuestros hortelanos les da alegría esta agua que tan buen futuro promete para la huerta de primavera y verano. Los consumidores también celebramos este tiempo que ha llegado en el que nuestra cesta también se multiplica en variedades.

Mientras esperamos las habas, las alcachofas o los guisantes, en nuestra cesta no falta un producto básico, acompañamiento por excelencia de  estas verduras de primavera y de tantos platos, imprescindible en las frescas ensaladas, pero también insustituible en cualquier guiso que se precie. Hablo de la cebolla que esta semana venía en mi cesta, seca y como cebolleta, y no puedo resistirme a traer a este rincón su foto, junto a una preciosa oda de Neruda, cantor por excelencia de tantos productos de huerta que nos alimentan, muy especialmente de los más sencillos y de andar por casa, a los que su verso los coloca en su lugar, el de los productos importantes y elementales.


ODA A LA CEBOLLA
Cebolla,
luminosa redoma,
pétalo a pétalo
se formó tu hermosura,
escamas de cristal te acrecentaron
y en el secreto de la tierra oscura
se redondeó tu vientre de rocío.
Bajo la tierra
fue el milagro
y cuando apareció
tu torpe tallo verde,
y nacieron
tus hojas como espadas en el huerto,
la tierra acumuló su poderío
mostrando tu desnuda transparencia,
y como en Afrodita el mar remoto
duplicó la magnolia
levantando sus senos,
la tierra
así te hizo,
cebolla,
clara como un planeta,
y destinada
a relucir,
constelación constante,
redonda rosa de agua,
sobre
la mesa
de las pobres gentes.

Generosa
deshaces
tu globo de frescura
en la consumación
ferviente de la olla,
y el jirón de cristal
al calor encendido del aceite
se transforma en rizada pluma de oro.

También recordaré cómo fecunda
tu influencia el amor de la ensalada,
y parece que el cielo contribuye
dándole fina forma de granizo
a celebrar tu claridad picada
sobre los hemisferios del tomate.
Pero al alcance
de las manos del pueblo,
regada con aceite,
espolvoreada
con un poco de sal,
matas el hambre
del jornalero en el duro camino.
Estrella de los pobres,
hada madrina
envuelta
en delicado
papel, sales del suelo,
eterna, intacta, pura
como semilla de astro,
y al cortarte
el cuchillo en la cocina
sube la única lágrima
sin pena.
Nos hiciste llorar sin afligirnos.
Yo cuanto existe celebré, cebolla,
pero para mí eres
más hermosa que un ave
de plumas cegadoras,
eres para mis ojos
globo celeste, copa de platino,
baile inmóvil
de anémona nevada
y vive la fragancia de la tierra
en tu naturaleza cristalina.

PABLO NERUDA



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