viernes, 4 de mayo de 2018

Reunión de la Central de Pedidos por una alimentación consciente

Este domingo 5 de mayo celebramos el II Encuentro de Soci@s de la Central de Pedidos, que la integran l@s que llamamos grandes consumidor@s: tiendas, restaurantes, grupos de consumo, escuelas infantiles...

Esta reunión profundiza en los dictados de nuestra Asamblea General que el pasado marzo definió la necesidad de continuar fomentando la corresponsabilidad y el compromiso con nuestros valores y funcionamiento entre los tres cimientos que sustentan nuestra asociación: Productor@s, Familias y Grandes Consumidor@s.

De ahí que hayamos convocado en esta ocasión al engranaje que hace funcionar nuestro sistema de la Central. Será una jornada de trabajo colectivo y debate de nuevas propuestas, en la que seguiremos construyendo juntos y aunando esfuerzos para mejorar nuestra labor y seguir alimentando nuestras redes.

Con motivo de esta reunión, os dejamos un interesantísimo artículo de nuestro socio Raúl Córdoba de la Hospedería La Era, en Almedinilla. Se trata de un testimonio sin desperdicio sobre los principios que le mueven en su quehacer profesional diario y un llamamiento a la reflexión, no solo dentro de la restauración profesional, sino también en nuestro comportamiento cotidiano global. Disfruten!

"Asistimos en los últimos años al desembarco de la conciencia en la mesa de nuestros hogares, probablemente sin parangón en la historia y cultura culinaria del planeta. Y observando cómo esto sucede, me asaltan varias dudas:

¿Realmente nos hemos dado cuenta de qué forma repercute o puede repercutir en la sociedad y en el medio ese cambio al proveernos de alimentos?
¿Es una moda más o se trata de un movimiento de sólidos cimientos? 
¿Puede ser un movimiento transversal, que vaya implicando cada día a más sectores productivos, o se va a quedar solo en el plato?
¿Podemos o debemos, desde el sector de la restauración, ser corresponsables en ese cambio de conciencia ya imparable?

Me llamo Raúl Córdoba. Me construí un oasis de conciencia hace algunos años llamado Hospedería La Era y, gracias a colectivos como Subbética Ecológica, al que pertenezco casi desde su génesis, disponemos de un caudal constante donde saciar la sed y la esperanza del viajero que necesita sentir que el mundo aún es humano. Que habita en la sencillez. Que huye de parafernalias, sobreactuaciones y anuncios a todo color. Confieso que no somos nada "supermegaguays". Nos tomamos muy en serio este tema.

Aquí intentamos transmitir que más allá del ideario superintensivo que intentan imponernos esas grandes multinacionales que invaden nuestros campos de corbatas, semillas transgénicas, químicos y balances financieros, aún resisten ecoagricultor@s que cultivan su pequeña huerta, recuperando variedades locales, destilando amor a sus raíces y ese respeto a la tierra que le enseñaron sus mayores y nunca olvidaron. Ecoganader@s que con razas autóctonas y poco rentables pero de una calidad extraordinaria porfían contra la locura de las leyes del mercado. Ecoviticultor@s que se negaron a envenenar sus vides y su entorno y creyeron en sí mism@s por encima de las burlas siempre cobardes... Esa "gente pequeña" de la que hablaba el escritor Eduardo Galeano. Podríamos habernos dedicado solo a ofrecer cama y mantel, pero sentimos la necesidad de esa corresponsabilidad para intentar mejorar nuestro entorno.

Volviendo a las preguntas de antes:
Creo que no me equivoco ni medio pensamiento si digo que la gran mayoría deseamos que a todo el mundo le vaya bien en la vida. Seguramente, si a alguien conocido se le tuerce demasiado la cosa, somos capaces de empatizar hasta el punto de sentir nuestra su tragedia. Entonces ¿por qué seguimos consumiendo productos de los cuales, y en el mejor de los casos, sabemos únicamente su procedencia, sin preguntarnos nada más? ¿Si para producirlos se han contaminado acuíferos, tierras, reservas naturales, desplazado poblaciones, qué mano de obra se ha utilizado y en qué condiciones? Si vives en un desierto donde es imposible producir nada en 1000 km a la redonda, pudiera llegar a entender que se obviara todo esto. Pero si tienes al lado de casa o del restaurante, como es mi caso, unas personas que producen alimentos de temporada y ecológicos (con la carga de nutrientes que ello conlleva), sin envenenar suelos o acuíferos, que velan por desarrollar una economía local basada en el bien común, con condiciones dignas de trabajo y precios justos, donde no existen intermediarios y el productor puede dormir tranquilo cada noche sabiendo que tiene un futuro a la vista... Si no somos capaces de ver esto como seres humanos es que aún tenemos siesteando la conciencia.


Y hablando como restaurador y mirando hacia el sector, damas y caballeros, no admito escusas de costes. Hay dos formas de vender un plato o cualquier otra cosa: por precio o por valor añadido. Una de ellas creo que nos asoma al abismo de lo peor del género humano. La otra, creo que nos lleva a la esperanza de un planeta habitable. En La Era llevamos apostando por la segunda bastantes primaveras. Es un hecho que está a la vista que no estamos forrados. Tanto, como que cada vez dormimos mejor. Os aseguro que eso no tiene precio. Esta filosofía no nos ha supuesto la ruina. Tampoco vamos dando sablazos al cliente. Comprar directamente al agricultor ayuda mucho. Insisto, a ambos. Y Subbética Ecológica es un colectivo que hace posible este asunto.

Si de dinero hablamos, me viene también a la cabeza el tema de la moda "eco". Creo que las modas solo sirven para hacer ganar mucho dinero a quien las promueve. Y últimamente veo a actores muy poco comprometidos con un planeta habitable subiéndose e incluso patrocinando el tren "eco". Hay veces, muy pocas veces, que el cambio en los hábitos de consumo cambian la estrategia de las grandes marcas. Ellas han creado en muchísimas ocasiones esas modas, crean nuestras necesidades e influencian en nuestros hábitos y en infinidad de aspectos de nuestra cotidianidad. Sin embargo, en este tema de la "alimentación consciente" (me gusta llamarla así) creo que ha sido la sociedad quien ha cogido a las grandes multinacionales de la alimentación a pie cambiado. Y ahí andan... Porque en su manera de concebir cómo obtener esos beneficios llenos de ceros (interesante juego de palabras) no entran los actores más importantes: los seres humanos. Y ejemplos de desastres humanitarios subordinados a la cuenta de resultados en el sector alimentario no nos faltan allá por donde uno quiera ver, desgraciadamente.

Entonces resulta que ya tenemos lineales completos de grandes superficies repletos de productos "eco". Pero entonces también resulta que ya existen grupos y asociaciones establecidas y muy consolidadas de productor@s y consumidor@s que sintieron esta necesidad mucho antes que cualquier departamento de marketing y se organizaron. Advirtieron, hace tiempo, que se hacía necesario prestar la misma atención a lo que se produce como a quiénes lo producen. Y eso es precisamente lo que está diferenciando estas iniciativas de esos lineales. No es poca cosa.

¿Y dónde anda la restauración? pues creo que algo ensimismada entre esos ceros en los balances y esas estrellas Michelín en la solapa. Todavía no he visto a ningún cocinero de renombre hablar de que este o aquel plato no solo se ha elaborado con productos eco o de kilómetro 0 sino además y más importante que han sido elaborados con productos que respetan y dignifican la vida de las personas que los producen. Creo que ahí es donde se nos espera. Donde debemos ser corresponsables de ese cambio que está cociéndose. Tenemos la responsabilidad, insisto, de decidir de qué lado nos posicionamos, si detrás de la moda de la etiqueta "eco", sin más, o si del lado humano de la etiqueta "eco". El pulso, aunque invisible, se encuentra ahí.

Y precisamente es ahí donde una asociación como Subbética Ecológica está siendo el faro guía en estos momentos a nivel nacional e incluso me atrevería a afirmar que en el plano del asociacionismo agroecológico internacional. En esta comarca tenemos el grandísimo privilegio de caernos de la cama a una de sus huertas u olivares, a ese horno de leña con esos panes y esos olores, a sus viñedos, queserías, ganaderías... Os animo a hacerlo todas las veces que queráis. A poca sensibilidad que uno albergue en su ser las sensaciones son sublimes.
         
En definitiva: no tiene ningún sentido ser capaces de cuidar la tierra para producir alimentos sanos y que nos importe un rábano las personas que trabajan en ella. Es pura incoherencia. Y es trasladable a cualquier sector.

Si queremos prosperar en humanidad, creo que debemos despertar del letargo impuesto y actuar en consecuencia. Hay mucho que hacer. La tarea es inmensa. Pero afortunadamente cada vez me encuentro más personas dispuestas. Me alegro. Tienen un brillo en sus ojos que me llena de esperanza."

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